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Personas sin hogar, gran emergencia olvidada

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Domingo, 4 Mayo, 2014
La situación de crisis económica, el importante problema derivado de los desahucios y la fragilidad cada vez mayor de las redes familiares y sociales, está colocando a un porcentaje importante de personas en el umbral de la exclusión más extrema.

A pesar de su cercanía física, la realidad de las personas sin hogar sigue siendo una de las más desconocidas por la ciudadanía y los agentes sociales (medios de comunicación, empresas, otras ONG, etc.), lo que facilita que se perpetúe el estigma, los falsos mitos y los prejuicios que han acompañado la imagen que en ocasiones tenemos de estas personas. El fenómeno de las personas sin hogar está aumentando cuantitativa y cualitativamente en los últimos años de crisis social y económica. En este momento de recorte de redes de apoyo y de un cierto olvido de las personas que están peor, creemos que es importante ofrecer una visión distinta y buscar la implicación de la ciudadanía en esta causa.

Es difícil saber cuántas personas sin hogar hay en España, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (diciembre 2012) apuntan unas 23.000 personas atendidas en centros de acogida. Sin embargo, estimamos que esta cifra es mucho mayor ya que deja fuera todas las personas que no acuden a los centros (alojamiento y manutención), que son muchas.

Las políticas de las distintas administraciones para abordar el fenómeno son disgregadas, dispersas y, en general, no están siendo capaces de frenar el aumento de este problema. Además, muchos de los recursos dirigidos a estas personas no cumplen los mínimos estándares de atención.

¿Cómo llega una persona a encontrarse sin hogar? En las grandes ciudades, para muchos ciudadanos las personas sin hogar son invisibles, se han convertido en parte del “paisaje urbano”. Éstas personas acumulan una serie de problemáticas encadenadas que les convierte en el colectivo más gravemente afectado por la exclusión social. Para entender esta situación es necesaria una doble mirada.

Por una parte, el que haya personas viviendo en la calle no deja de ser el reflejo de un fracaso colectivo como sociedad. Una sociedad que no es capaz de erradicar los factores que generan exclusión social (desigualdad de oportunidades, sistemas de protección deficientes, barreras de acceso a recursos, etc.) y que mantiene el estigma y la discriminación hacia determinadas personas. El desconocimiento y los tópicos y prejuicios, están muy arraigados, y generan culpa, vergüenza o aislamiento en las personas sin hogar que lo padecen, además de hacerlas más vulnerables a sufrir situaciones de discriminación y violencia. El 51% de las personas sin hogar han sido víctima de algún delito o agresión, siendo los más frecuentes los insultos, amenazas, robos y agresiones. En España muere una persona sin hogar en la calle, cada 5 días (Informe del Centro de Acogida Assis. Barcelona. 2013)

Por otra parte, además de los factores sociales hay una realidad personal en la que influyen diferentes elementos de vulnerabilidad que, en muchas ocasiones, se dan al mismo tiempo: la falta de una red familiar y social de apoyo, padecer una enfermedad crónica o una enfermedad mental, tener una discapacidad, el abuso y adicción al alcohol o sustancias, la falta de ingresos económicos y de vivienda, etc. Por poner ofrecer algunos datos ilustrativos, y en función de los datos que ofrece el INE, el 30% padece una enfermedad crónica; el 15.5% tiene una discapacidad reconocida; el 16,6% una enfermedad mental y su acceso a los sistemas de salud es muy precario el 19,8% no dispone de tarjeta sanitaria.

En RAIS Fundación venimos trabajando desde 1998 por la integración sociolaboral de estas personas a través de diferentes programas y servicios. Creemos que para dar respuesta al problema es necesario contar con una red de protección social básica capaz de dar respuesta, pero también con recursos que atiendan las necesidades específicas de estas personas (por ejemplo, la situación de las personas sin hogar con discapacidad, o convalecientes tras una enfermedad). Además, tenemos que seguir visibilizando esta causa y luchando contra la discriminación, los prejuicios y las barreras cotidianas. Sabemos que solos no podemos hacerlo, es necesario un compromiso compartido de todos y todas, ciudadanos, empresas y agentes sociales.